cuántos años puede aguantar alguien sin ser querido. cuánto tiempo debe invertir uno mismo en aceptar que no pertenece a un lugar, sino que -como había supuesto- se había equivocado y había confundido el cariño por la piedad. la limosna de la cortesía no fue y nunca quiso ser amor, sino que simplemente se dio como se da pan a los que tocan la puerta argumentando que no tienen qué comer.
junior, el hijo de la chica de la casa, me recuerda una vez más lo que yo fui de niña. me recuerda a mí misma y a esa sensación de exclusión que tenía en la cara cuando tenía 2 años.
yo vivía en casa de mi tía dany, con paola y con santa. santa nos cuidaba y nos contaba cuentos de su tierra y hablaba y hablaba sin que nosotras entendiéramos algo. yo recuerdo todo el melamine naranja de la cocina, el calor del horno encendido y por supuesto, el piso. es extraño. siempre que recuerdo algún lugar de mi infancia, lo primero que viene a mi mente es el piso. la casa de arica tenía el piso de losetas, con triángulos o rombos de colores rojo sangre. y yo, parada en algún lugar, me concentraba en el piso. mi tía dany me mandaba a sentarme en una esquina en el patio, como los cochinos, porque yo era fea y chola. entonces yo entendía que debía ir a sentarme lejos de ella y su hija que eran bonitas y no cholas. y esperaba a que viniera a recogerme mi mamá. mi mamá que era preciosa, pero era de mi mismo color. y entonces yo ya no sabía qué era ser cholo.
santa se fue y vino celestina. la señora celestina. que lavaba la ropa y usaba polleras. recuerdo que usaba polleras celestes y azules. y conversaba y hablaba, recuerdo hasta su olor, ella olía a lejía y jabones de ropa, olía a remojado y a agua de pañales. venía al patio y yo me encerraba con ella, conversaba. paola tenía un televisor, una cuna, mil juguetes y ochenta millones de cosas que yo no tenía y no me preguntaba porqué. yo sabía que no las tenía y que no las quería tener. yo solamente quería las historias de santa, las palabras de celestina y las cosas que me imaginaba mirando por la ventana.
cuando fui creciendo, paola también lo hizo, y pronto empezó a caminar, a correr y a vestirse, y yo no me preguntaba porqué se vestía con ropa de colores, ni me preguntaba porqué ella fue reina de la primavera y le compraron capa y corona, mientras que a mí me la hicieron de papel. yo me preguntaba si me crecerían los dientes otra vez, si me quedaba sola el resto del día o si alguno de los personajes de mi cabeza terminaría en otro lado. yo me imaginaba historias. miraba siempre a un punto fijo y pensaba y pensaba y pensaba y hablaba con la pared haciendo los diálogos en mi cabeza.
el tiempo pasó, mi mamá siempre me comparaba con paola y con otras de mis primas que siempre tuvieron buenas notas en el colegio, y yo tenía buenas notas pero nunca era suficiente. tenía que ser la mejor en todo. y lo fui. por qué no iba a serlo, si yo era tan brillante. así que empecé a ser la mejor en todo. para no tener esa sensación otra vez, esa sensación de estar botada en el patio, en un rincón, tapada con una manta y llorando en una esquina, sin saber si ser chola era ser un animal menos decente que el resto.
y entonces veo a junior, sin vergüenza en la cara, sin afán de esconderse, simplemente con sus gritos estruendosos por todas partes, lo veo moverse, jugar en medio de la sala cuando hay visita, meterse a los cuartos, pasearse por la casa, entrometerse en absolutamente todo lo que hacemos y me da rabia. me da mucha rabia. me da cólera y repudio... sí, repudio. y desde el fondo de mi alma me aflora esa ira contenida, esa asquerosa sensación de tristeza, mis lágrimas se contienen un poco y me pregunto por qué él no sufre lo mismo que yo, por qué él sí tiene que moverse por todos lados y fastidiar a todo el mundo; mientras yo, otra vez, como hace algo más de 20 años, en la casa de mi tía, sí me tuve que aguantar, sí tuve que sufrir, y tengo que aguantar y tengo que verlo pasear y recordarme eso que nunca tuve: la oportunidad de ganarle a nadie.
lunes 21 de abril de 2008
¿por qué?
así lo es.
la caja de pandora.
escribió a las
6:30
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