lunes 28 de julio de 2008

ya que no soy más la niña.

Un día, cualquier día en realidad, te paras frente al espejo y te ves la cara, sea como fuere que te sorprenda tu cara, de perfil, de frente, de casualidad... no sé, te ves la cara y te dices a ti mismo "mierda".

Anoche, ya a la hora de dormir, Andrés y yo estuvimos chequeando videos antiguos, digo antiguos porque eran de la época en que él y yo recién éramos ese par de chicos que tras haber estado juntos un par de años, habíamos caído en la cuenta que nos unía algo más que las circunstancias (las circunstancias eran: yander acababa de haber sido hecha mierda por quien ella creía el amor de su vida y andrés estaba hecho mierda por la soledad de haber perdido a toda su familia), que en realidad esas fueron buenas excusas para rodarnos por ahí y olvidarnos un rato de nuestras tristezas mutuas, rabietas de idiotas que con el tiempo y los tantos consejos para sobrellevar la infelicidad... pues se había convertido en otra cosa que ni él ni yo queríamos percibir como amor-per-se.

Amores perros:

YANDER.

Aparezco en escena publicitaria en los años 90, cuando me vengo a enamorar de tremendo ludómano de 15 años, con bonita cara, y cero cerebro, ergo... fácil de dominar. El sujeto medio que se aburrió después de 3 años y yo de él y así un día nos dejamos de ver las caras, dejamos de querernos mucho, de sufrir yo y de visitarme él.
Convencida de que eso de enamorarse era una tremenda cojudez, me metí con un chico cualquiera que me arrinconó en una escalera y me besó como nunca me besaron antes. Yo sabía que él tenía enamorada y la verdad es que no me importaba mucho porque eso de enamorarse era una etapa quemada.
Y luego de su desaparición de escena, conocí una centena de hombres que movidos por mi "inocencia" combinada con las tremendas curvas de esa época, estaban dispuestos a todo por encamarse conmigo. y yo, harta de todos, me retiraba siempre dejándolos con la incertidumbre de si habrá otra cita, de si habrá otro momento.
Me cansé.
Y un día infeliz encontré a ese muchacho que conocí por desatino, a ese chico que me acompañó a mi fiesta de promoción porque mi enamorado ludómano se había enfermado un día antes de dicho suceso. Lo encontré en la calle, caminando. Indagué, lo busqué y lo encontré otra vez, en la academia donde yo también me preparaba para la universidad. Le escribí una nota, me lo llevé a mi casa, usé todas mis armas y a la caída de la tarde, después de contarme de su enamorada santa, le estaba enseñando cómo besar. Un año más tarde él se fue de mi casa jurando no volver a verme y yo me reí casi toda la tarde. el amor para mí era historia pasada.

Pasaron casi tres años con 2 hombres que me hicieron tanto daño que ninguno de ellos se ha escapado de mis cuentos, mis crónicas y mis pesadillas más terribles. Pasé el primer año con un filósofo de pacotilla que me sacó a los últimos infiernos de la maldad y me dejó tirada en una esquina, tapándome las heridas y diciéndole a todo el mundo que no me dolía. Como toda buena mujer, me vengué de él hasta verlo llorar arrodillado frente a mí, eso sucedió una noche en los jardines del TUC en la universidad. Al año siguiente confiando en la bondad de mi mejor amigo, me convertí en su pequeña aprendiz y estuve con él hasta que me dejó tan sola que quedé sin amigos, sin él, sin nadie.

Para el momento de la reconstrucción, yo dejé de sonreír, dejé de llorar, dejé de confiar, dejé de seducir, y me convertí en un ser humano parco y desaliñado. Pasaba siempre por las avenidas de la universidad con una maleta llena de basura, de libros y de puchos. No hablaba con nadie. Y un día volví a encontrar al chico de la fiesta de promo que se había ido de mi casa jurando no verme nunca más.


ANDRÉS.

Andrés siempre fue bonito, guapo, cuero, churro y por lo tanto, desde que tiene uso de razón, las niñas lo han perseguido, lo han acosado, le han escrito cartitas y se le han tirado encima. A los 9 años, una chica de 13 le dió su primer beso haciéndolo parar sobre un murito para que él pudiera alcanzar su boca. a los 13 su tío lo llevó a hacerse hombre con una mujer extramatrimonial y andrés nunca olvidaría sus piernas gruesas moviéndose como en un poema de neruda entre sus manitos de niño.
Él siempre se enamoraba de chicas bonitas también, de niñas de ojos claros, con cuerpos de transición y de curvitas vespertinas. Sus aventuras no pasaban de los besos incautos, de los roces sin querer queriendo, de las manitas sudadas.
Hasta que un día, su compañero de clases le dice que una chica del canonesas quería ir con él a la fiesta de promo, entonces él dijo "no, no quiero ir con ella porque es muy gorda". Otro día entonces, su mismo amigo le dijo que había otra chica del canonesas que se había quedado sin pareja de promoción y que como la fiesta era al día siguiente, pues quería saber si él podía acompañarla, que ese mismo día se conocerían y que la chica no era gorda. Y así fue como él conoció a Yander. Fueron juntos a la fiesta y se dio cuenta que no necesariamente las mujeres debían ser hermosas, que no necesitaban ser amantes de sus tíos o que debían besarte siquiera para hacerte sentir en medio de una película porno. Pero nunca se despidió de ella, esa noche él huyó a las 4 de la madrugada y no la volvió a ver.
Al poco tiempo Andrés tuvo una enamorada perfecta, la niña más santa del mundo, que tras mucho romance solamente le soltaba besitos traviesos y secos en la punta de los labios. ella iba a misa, sonreía a los adultos, preparaba postres y tomaba el lonche con la mamá y la hermana de andrés. Acostumbrado a recibir ese tipo de cariño, Andrés empezó a crecer, pensando que las mujeres debían ser tiernos ramilletes de virtudes. Otra vez convencido de que el amor venía acompañado de manitos sudadas, tardecitas de cine y conversaciones insulsas sobre cómo te fue hoy o qué hiciste en estos dos días, siguió viendo a esta niña más tiempo. Hasta que un día recibió una nota amarilla donde Yander lo buscaba para conversar en la academia donde se preparaba para la universidad. y volvió a ver a esa chica a la que le importaba muy poco la ternura y que sí era muy atrevida para seducir pero poco indecente como para acostarse con él. Así que salieron durante un año, él fue su primera vez, ella fue la primera chica de su edad con la que se acostaba y un día él se cansó de estar solamente con ella y se dejó engañar por los chismes de otra chica que dio la casualidad de ser la enamorada de un muchacho al que Yander terminó seduciendo un tiempo después.
Finalmente él decidió volver con la niña santa que iba a misa y las cosas no resultaron, ella era muy aburrida y en parte él extrañaba la vesania que había probado tiempo atrás. Buscó otra y encontró un poco pero era distinto. Y así pasó el tiempo y las mujeres, cada una con otro sabor, con otras manías y otro modus operandi. Empezó a divertirse sin ton ni son.
Un día sus padres terminaron de irse de casa a otro país y él se quedó solo con su tío, de él aprendió a usar a las mujeres, a dárselas de grande y de no dejarse sorprender por nadie.
Hasta que se volvió a encontrar con esa chica que lo había llevado años atrás a su casa y le había invitado brownies con frugos de mango, y a la que él había dejado bajo la promesa de nunca más volver a verla mientas ella se reía.

YANDER Y ANDRÉS.

Ya no quería enamorarme nunca más, así que me había dedicado a la actividad infame de ser un poco viuda negra y escritora en busca de aventuras para sus cuentos, así que me la pasaba maquinando la mejor forma de engañar hombres y desaparecer. Andrés sería uno más o uno menos. Dependiendo de cómo se viera. Y Andrés pues estaba en la necia tarea de encamarse a todo lo que encontrara en el camino.

Un día por la tarde, después de haberse alistado bastante, le preparé brownies y él trajo frugos de mango. Pero ahí hubo algo. como diría cualquier buen entendido en estas lides. ahí, cuando lo vi en mi sala, parado con su polo beige y su cabeza rapada: pasó algo. Nos abrazamos como quien perdona tantos años de estupideces y nos fuimos a conversar a mi cuarto (qué sabia me había vuelto) y poco a poco nos fuimos acercando a lo que nos habíamos convertido, un par de chupasangres, un par de convenidos, un par de imbéciles en busca de cualquier cojudez nada parecida al amor. Caminamos por la calle, estúpidamente nos sorprendimos al ver que estábamos tomados de la mano. Reíamos. Nos sentamos en una banca de parque y nos dimos un beso por los viejos tiempos. Andrés se dejó seducir y yo... yo fui la mujer que sabía que a él le gustaba.

La segunda cita ocurrió después. Ya con mi ropa del común, outfit que incluía pulseras de púas y polo camuflado, me le tiré encima en el sofá y nos deslizamos por todos esos recovecos ya conocidos. Sin perder la decencia, nos dejamos con pendiente para la siguiente cita. Pero ahí algo pasó. sí, pasó algo, ciertamente. Y fue cuando de pronto sus besos empezaron a tener sabor a nostalgia a confianza perdida a recuperar lo que tanto se echaba de menos. llevada por ese extraño saborcillo medio engañoso y muy acertadamente, no dije, simplemente señalé: me has extrañado. y entonces él soltó un "sí, te he extrañado muchísimo". Y no era visceral, no era ganas de desabrocharme el pantalón, no era el cinismo del aprendiz, sino una especie de sentencia con la que acabamos ese momento y que terminó en un beso tierno y la promesa de verse otro día.

A la tercera cita, lo visité en su casa, él me preguntó si quería conocer su cuarto y yo me saqué el chupetín de la boca, subí las escaleras y no dejé que prendiera la luz (a quién trataba de engañar), lo tiré en la cama y le empecé a enseñar varias cosas que ya con el tiempo y las desgracias yo había aprendido entre lágrimas y gemidos bastante falsos. sí, aunque suene poético. solamente que esta vez no estaban acopañados de traducciones de griego a español o de promesas estúpidas, ni de cumplidos por cumplir. sino, de nada. fue un rato que no me iba a olvidar. para empezar, por primera vez (después de él mismo) yo me quitaba toda la ropa, por primera vez me dejaba tocar sin decir no. y él, pues algo perdido y tratando de recordar, se llevó un buen recuerdo al viaje que hizo al día siguiente.

toda la ronda sexual se acabó cuando un día me llamó para preguntarme porqué le dolía tanto la soledad. y yo, sabia como siempre, se lo expliqué con mis mejores metáforas; después de todo, la tristeza y las penas eran mi materia.

Yo nunca le pedí que fuéramos enamorados, ni él a mí, simplemente empezó a pasar el tiempo y un día conversando él me dijo "amor, qué te parece si vamos a comprar" y yo que había ensayado ese apelativo burlándome de mi ex mejor amigo que me dejó en la oscuridad, me sorprendí de la naturalidad de sus palabras, de sus mejillas avergonzadas y de su cara de sorpresa.

así que empezamos a decir "te quiero".

Y cuando las cosas empezaron a ponerse serias, ni él ni yo quisimos asumir nuestro papel en la relación. él empezó a salir con su mujer ideal, rubia de ojos azules, cuerpo de muñeca y 9 años mayor que él. y yo empecé a salir con el hombre a quien idealicé tantos años, rubio, altísimo, increíblemente inteligente, gordo como un oso, excelente amante y con la mirada más vil. andrés y yo nos distanciamos y yo me fui con el cuerpo a otro lado.

PERO PERO PERO.

un par de meses después, mis ojos llorosos volvieron a echar de menos su risa estruendosa y su nariz fría. y él empezó a echar de menos mis cuentos de antes de dormir. nos volvimos a encontrar por la noche, nos dijimos "te amo" y seguimos adelante.

Ya el resto de la historia son estupideces.

Andrés pasó por la etapa en la que se dio cuenta que una sola mujer para toda la vida no iba a ser suficiente, Yo volví a ver al hombre del que hablé en el párrafo anterior. Nos hicimos mierda hasta llorar ambos en el carro que compramos un domingo familiar. Mil veces nos hartamos el uno del otro. Me volví cojuda, cornuda, estúpida. Él se volvió cruel, infame y vicioso. Nos dijimos te odio y nos odiamos muchas miles de veces. Y nunca nunca nunca pudimos dejar de echarnos de menos. No pudimos dejar de perdonarnos mutuamente cada una de nuestras palabras, cada uno de nuestros errores, cada una de nuestras estocadas en nuestros pechos. Siempre estuvimos el uno al lado del otro.

Y un día nos casamos a escondidas.

Y otro día nos sentamos en el carro a pensar cómo nos iba a cambiar la vida ser padres.

Otro día nos casamos religioso y empezamos a vivir juntos, a orar por las noches y a abrazar a nuestro hijo en mi barriga.

Y hoy me miré en el espejo y no vi más ese cuerpo lejano de mujercita aventurera, sino a mí en una pijama de flores azules con la que entré al hospital hace dos semanas, mi cabello lacio en un extraño corte de pelo. Mis cachetes hinchados del embarazo y mis ojos ya sin vitaminas. Me miré y dije: "mierda..."

Me senté a leer el periódico y recordé que hoy era feriado, y andrés estaba dormido en la cama con mi hermano, tomé desayuno y pensé mucho en esos gestos que tenía en el video de anoche, de dónde los había aprendido.

Andrés tan flaco y con esa ropa que yo no le había escogido.

Y yo, como siempre tan distinta al resto de mujeres del mundo, con un vestido y mis pulseras de púas, coqueta, dando vueltas entre sus manos que me conocen tan bien. Y luego yo en otro video, con el cabello largo y con rulos, haciendo chistes, riéndome con mi hermanito que era un niñito de dientes separados en primaria y ahora es un hombre al que le gustan las chicas y no se quiere cortar el pelo. Mi mamá ya no es mamá sino es una mujer independendiente que se divierte con mi papá y está de viaje con él en una segunda luna de miel, con su cabello lacio y sus jeans ajustados. Y mi papá que dejó de envejecer hace varios años y que ahora es un hombre extremadamente sabio, más que nunca.

No tenía perro.
No tenía nada de qué preocuparme.

Y en el espejo ya no me miro cuando estoy ebria para preguntarme quién soy, no.
Ahora ensayo mi mejor gesto, mi mejor sonrisa, mis frases, mis consejos, converso comigo misma y preparo el más nuevo de mis discursos para que cuando tenga a santiago entre mis brazos.

Así que hoy me miré y pensé... mieeeerda... y no se me ocurrió nada más en palabras, todo fueron imágenes y por primera vez me ubiqué en un stage: estoy vieja.

domingo 20 de julio de 2008

Celebrity Collage by MyHeritage

MyHeritage: Árbol genealógico - Genealogía - Celebridad - Collage - Morph

viernes 4 de julio de 2008

sobre la alfombra estaba una de sus medias. dónde estaría la otra. entonces la buscaba con la mirada pensando en hacia dónde la había botado si había sido hacia el closet o la ventana o al borde de la cama. se topó con la ropa interior. era su ropa interior. él lo sabía. inconfudible. su mujer la había marcado con sus iniciales en tinta verde y ahora él se podía imaginar a su mujer, sentada sobre el sofá con su cara de traviesa, escribiendo letra por letra sus iniciales "así sabrás que es tu ropa y no la vas a confundir" y él la había mirado con indiferencia y le había preguntado "y para qué".

su mujer se había convertido en una señora.

y no vislumbraba casi la mujer alocada que había sido. dónde quedó las idioteces que solía mascullar en alguna calle miraflorina, dónde estaría ahora su mirada de mujer lasciva y sus besos desvestidores. sentada en su mecedora, con ese polo negro y el pantalón de maternidad, no se veía tan ágil y desenfrenada como hace muchos años. ahora era torpe y pedía ayuda para ponerse las botas, sacarse el pantalón o levantarse de la cama.

se imaginaba a su esposa. sentada frente a su ropa interior, con su rostro ensimismado, escribiendo sus iniciales en su ropa interior, para que nadie se ponga nunca su ropa interior, para que nadie se confundiera y él no se contagiara de la piel de ningún otro hombre del edificio. y podía verla en ese momento, ya sin el usual cigarrillo en la mano, ni la copa de vino, ni el compás del bossa, ni el sarcasmo afilado que usaba para partirle la cara a medio mundo. podía verla con la enorme barriga de arena movediza, con la cola hacia arriba y los pies empantuflados. podía verla. y entonces su ropa cobraba vida.

- buenos días.
- hola
- no sabía que fumabas desde esta hora
- en realidad no lo hago
- es muy temprano
- sí, es temprano
- cómo estás
- bieeeeeeeeeen
- ¿estás bieeeeeeeeeeeen o estás ¡BIEN!?
- bien, nada más
- ah bueno
- me puedes dar mi bividí?
- qué, ya?
- sí, ya.
- dije que me tomaba unas copas en la oficina y demoraba dos horas
- pucha, no te quieres quedar un rato más?
- no

manejando hacia casa podía recordarse a él mismo mirándose al espejo del hotel, pensando en nada, solamente vistiéndose rápido, sacándose el olor a sexo, a puta... y podía observarse pagando la cuenta, diciéndole adiós a esa mujer extraña y alejándose sin mirar atrás.

al estacionarse y tocar el claxon podía sentir su corazón explotar de una extraña sensación y al subir a su habitación, podía ver el cuerpo de su mujer y en su rostro esa expresión altiva, omnipotente, ese gesto con el que tenía que vivir. ni una sola palabra. solamente la mirada donde podía reconocer a la mujer de la que se había enamorado años atrás.

- hola mi vida
- hola
- cómo estás, amorcito
- aquí... escribí algo
- ah sí?
- sí, está en la computadora, lo quieres leer?
- sí

" sobre la alfombra estaba una de sus medias..."